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La inglesa de la calle Bolaños

(Sean eternos los laureles)

"Las libertades  y los amos no se combinan facilmente" (Tácito)

Como todos los meses para esta época, suena el teléfono y del otro lado aparece la voz de María José De la Peña.

Como todos los meses para esta época comienza una breve confrontación acerca de cual es el tema del mes que merece la editorial del diario.

Dos temas corrían con igual ventaja: el aniversario del fallecimiento de Alicia Moreau de Justo y el mes del periodista, ambos temas tenían un mismo enfoque de defensa de la libertad.

Como todos los meses para esta época, cuando corto el teléfono me quedo con la convicción que terminé eligiendo el tema que me parecía mas propicio, y como todos los meses para esta época María José se quedó tranquila por haberme convencido.
Con la pantalla de la computadora en blanco traté de exprimir mis neuronas (que para Semana Santa no están tan activas) y busqué la mejor manera de rendir homenaje a quienes no se quedan con la historia oficial.

Así, tratando de imaginar Floresta a principios de siglo, me dije: Quien diría que de Bolaños, esa callecita de Floresta, saliera semejante figura de la historia nacional.

Alicia Moreau nació en Londres en 1885, a los pocos años se traslada con su familia a Buenos Aires, donde comienza sus estudios de magisterio en 1902.

Siendo la menor de tres hermanos (Santiago, Luisa y Alicia), ya de pequeña hablaba perfectamente seis idiomas, y aprende sobre literatura, artes y libertad.

Primero viven en pleno centro -San Martín entre Tucumán y Lavalle-, para mudarse al poco tiempo a las “afueras de la ciudad” (como a ella le gustaba llamar por entonces a Floresta), zona de muy difícil acceso, que recibió la llegada del tranvía tirado por caballos en 1904.

Para esa misma época Don Juan Bautista Justo, quien luego sería el amor de su vida, publica en 1894 el diario “la Vanguardia” (allí tuve la primera unión de los dos temas), luego se convierte en el primer candidato socialista de América (1896) y en 1907 funda El Hogar Obrero.

Alicia se gradúa en medicina en 1914, en 1922 se casa en Uruguay  con don Juan B. Justo, con quien funda la Casa del Pueblo en 1927.

El  8 de enero de 1928 muere Juan B. Justo.

La actividad y el empeño de Doña Alicia Moreau por la libertad comenzó en las largas charlas con su padre y siguió con su participación en el Congreso Internacional del Libre Pensamiento (ala mas positiva del pensamiento masón – 1906 donde figura con el nombre de Alicia Morán).

En su actividad periodística, Alicia Moreau es directora de la publicación Humanidad Nueva y Evolución y educación (1915), es presidenta de la Unión Feminista Nacional (1918), participa del Congreso Internacional de Obreras (1919), participa en las Primera Conferencias Internacionales de Mujeres por la Paz (1947), ), dirige el périódico La Vanguardia (1956-1960).

Como escritora, publica Antología para grandes y Chicos (1936) e Ideales (1936), La mujer en la democracia (1944), El socialismo según la definición de Juan B. Justo (1946), Que es un partido político (1953) La juventud argentina y el partido socialista (1953) es nombrada Secretaria General del Partido Socialista Argentino (1965),  y Qué es el socialismo en la Argentina (1983). "Sólo es digno de libertad aquel que sabe conquistarla cada día"  nos enseña Goethe.

Por último, y ya centenaria, recibe –con la vuelta de la democracia- los principales reconocimientos: es declarada la Mujer del año (1984), y Vecina ilustre de Buenos Aires (1985).

Un lunes 12 de mayo de 1986 muere Alicia Moreau de Justo.
Mayo es también sinónimo de libertad, valga como muestra el mayo francés ("la imaginación al poder") y es el mes del periodista, luchador incansable de la libertad.

Los tres ejemplos que dimos para homenajear a la libertad (doña Alicia Moreau de Justo, el mayo francés y la noble tarea del periodista) se han consagrado en una lucha permanente a favor del mas débil y enfrentando al poderoso.

Por eso nos quedamos con ese mágico pensamiento de Kant, quien sostenía: “No cabe esperar que los reyes se vuelvan filósofos, ni los filósofos reyes. Tampoco es de desearlo, puesto que el disfrute del poder corrompe inevitablemente el juicio de la razón y pervierte su libertad”.

Jorge Eduardo Freijo